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Discurso de la Presidenta Laura Chinchilla en el funeral de don Luis Paulino Mora, Presidente de la Corte Suprema de Justicia

 

falecimento1Elegía a Luis Paulino Mora Mora - Presidente de la Corte Suprema de Justicia

Laura Chinchilla Miranda - Presidenta de la República

Se nos ha ido un amigo, un maestro, un colega y compañero. Se nos ha ido Luis Paulino Mora. Aún no salimos del asombro, ni mucho menos hemos tenido tiempo para resignarnos a su partida. En la vida de los pueblos hay páginas de dolor inesperado.

A veces nos sorprenden golpes difíciles de sobrellevar. Este es uno de esos días y la patria llora, hoy, la temprana partida de un hijo ejemplar. Despedimos a un gigante de bondad y de entereza, a un brillante intelectual, a un servidor ejemplar, a un amigo generoso, un padre amoroso y un abnegado esposo.

Se nos fue demasiado pronto este intachable ser humano, donde la grandeza se escondía en la humildad de su hidalguía. Nunca como ahora es más importante su valor frente a los cambios, su visión frente a los desafíos y su serenidad en las tormentas propias de la vida pública.

Luis Paulino Mora encarnaba, después de toda una vida de esfuerzos y realizaciones, las cualidades que definen los más altos ideales éticos y cívicos. Le destacaba también una gran personalidad. La vitalidad, generosidad y humildad de Luis Paulino eran siempre frescas y auténticas, como surgidas de la tierra misma porque nunca dejo sus raíces campesinas. Siempre amo a su natal Puriscal adonde reposaran para siempre sus restos.

Al despedirlo hacia su eterna morada, se apilan en mí recuerdos que marcaron tempranamente mi desarrollo profesional y personal. A Luis Paulino lo conocí hace cerca de 30 años, cuando me correspondió, como joven profesional, dejarme iluminar, en varias ocasiones, por su experiencia y compartir con él la visión de un humanista que encontró en la judicatura y en la docencia una vocación de servicio a la dignidad humana.

Tuve el honor de acompañarle en diversos proyectos y actividades, en beneficio de la reforma judicial de Costa Rica y de otros países de América Latina. Dejó su huella en las reformas que muchas de las naciones de nuestro continente abordaron luego de los años de autoritarismos y dictaduras. Muchas de ellas las inspiró en la solidez que las instituciones de Costa Rica ostentaban en materia de Estado de Derecho, respeto a los derechos humanos e independencia judicial. El fue el mejor y más consecuente embajador que contribuyó al prestigio de que goza nuestra administración de justicia en el plano internacional.

Su herencia a la patria, incluye 44 años de enfrentar desafíos sin que su pulso temblara nunca cuando sentía que una decisión o cambio eran necesarios. Juez penal, Ministro de Justicia, Magistrado, Presidente de la Sala Constitucional y del Poder Judicial, docente de Derecho, en fin, no existe capítulo de la justicia costarricense que no haya quedado marcado, para siempre, con su nombre.

Como Ministro de Justicia promovió la humanización de las cárceles y la creación de mejores condiciones de infraestructura para los privados de libertad. Él no era ministro de oficina, sino que gustaba palpar directamente las condiciones carcelarias y personalmente visitaba las cárceles, muchas veces en su tiempo libre, los fines de semana, de la mano de alguno de sus hijos y aún de su madre que lo acompañaban. Ahí intercambiaba opiniones con los privados de libertad, escuchaba hasta a los más peligrosos reclusos. Este fue el caso del privado de libertad conocido como Caballón, quien le dedicó a Luis Paulino sus memorias.

La Sala Constitucional, el más importante logro institucional para nuestro Estado de Derecho en los últimos 25 años, lleva su sello porque fue creada bajo el impulso de Luis Paulino como Ministro y luego presidida por él por más de 6 años. Hace más de 13 años pasó a ocupar la silla de Presidente de la Corte Suprema de Justicia, para la que parecía nunca haber un sucesor suficientemente bueno para él.

Existe una historia jurídica costarricense antes y después de Luis Paulino. Como magistrado fue acérrimo defensor de la dignidad humana y la libertad personal. Redactó sentencias emblemáticas que marcan la jurisprudencia humanista de nuestro ordenamiento jurídico. Entre ellas la que reconoce el derecho humano a la paz, el derecho a la vida, y el derecho a una muerte digna. A nosotras las mujeres, no se nos olvidará que fue él quien estuvo detrás de la sentencia que aclaraba el sistema de cuotas electorales de las mujeres.

Su liderazgo como Presidente de la Corte no tiene punto de comparación, pues fue bajo su gestión se han impulsado las mayores y más significativas reformas jurídicas y de políticas judiciales desde la vigencia de la Segunda República. La lista es interminable, su legado imperecedero. Entre ellas las reforma procesales en materia penal, civil, contencioso administrativo y laboral; las reformas a la Ley Orgánica del Poder Judicial, la creación de la Carrera Judicial y de los Tribunales de Flagrancia. En materia de gestión judicial, hizo que el Poder Judicial de Costa Rica fuese pionero en el impulso de la renovación tecnológica, impulsando el expediente electrónico y los despachos cero papel.

Fue un trabajador incansable, con un gran don de gentes. Siempre supo trabajar en equipo y dar espacio a que las ideas e iniciativas fluyeran democráticamente en el Poder Judicial. No visualizó los logros para su propia gloria personal. Fue firme cuando tuvo que serlo, pero era por sobre todo un conciliador y un hábil negociador. Sus más íntimos colaboradores, lo describen como un humanista que encontró en la judicatura una verdadera vocación através de la cual servir a la dignidad del ser humano. Por eso, a ella le dedicó su vida, en el más literal sentido del término.

Como mandataria, quedó grabado para siempre en mi memoria nuestro último acto público, totalmente acorde con el pulso de los tiempos que vivimos. Hace escasas semanas y después de un incidente institucional que el país no merecía, firmamos juntos, Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial, una declaración de intenciones que valientemente reconocía la existencia de problemas de fondo que han venido deteriorando nuestra institucionalidad democrática y la relación entre los Poderes de la República.

Muy propio de él, que era hombre de transformaciones e hizo del perfeccionamiento de nuestra institucionalidad una norma de vida, su último acto público, hace apenas una semana y media, fue precisamente su comparecencia ante la Comisión de Jurídicos de la Asamblea Legislativa adonde ofreció su visión de las reformas urgentes a la Ley de la Jurisdicción Constitucional, a la luz de las recomendaciones de los notables.

 

Amigas y amigos, querida Nora y familia:

Aquí estamos, frente al maestro, al compañero y al amigo. Se nos fue cuando más lo necesitamos. Muere, en momentos palpitantes de su patria, cuando él mismo comenzaba a dar su perfil a cambios urgentes
que él más que nadie sabía concertar, como hombre de equipo, de sabiduría silenciosa.

De la incredulidad hasta la resignación, en menos de 24 horas, hoy la patria necesita crecer hasta la altura de esta alma que despedimos, para que se quede con nosotros la ternura de su recuerdo, la grandeza de sus enseñanzas y su coraje de abrir senderos, siempre hacia delante, siempre hacia arriba.

Muchas Gracias.

 

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